Gestión Emocional en el Teletrabajo

Escrito por Claudia Buitrago - Psicóloga experta en gestión emocional

El trabajo es parte fundamental de nuestra vida, y la gran mayoría de nosotros queremos disfrutarlo, entregarnos con pasión y optimismo a él, sin embargo, como seres humanos que somos, tenemos temporadas en las cuales se nos facilita conectarnos con alegría y entusiasmo a nuestro trabajo, y otras en las que trabajar implica otros estados emocionales como estrés, angustia y ansiedad, entre otros.

La situación de la pandemia y el hecho de asumir nuestros trabajos desde casa, en la modalidad virtual, nos ha desafiado desde un sinnúmero de lugares, uno de ellos, nuestro mundo emocional. Así que nos hemos hallado a nosotros mismos danzando por ejemplo entre la dicha y el agradecimiento por contar con un trabajo valioso, y la sensación de sobrecarga y agotamiento desprendida en parte del hecho de tener que lidiar con roles diferentes (ser psicóloga, ser madre, ser ama de casa…), entre múltiples influencias, en un solo lugar.

Bajo estas circunstancias, nuestras emociones pueden ser una fuente invaluable de salud y energía, de aquí la importancia de contactarnos con ellas, vivenciarlas, y orientarnos a nosotros mismos teniendo presentes nuestras necesidades emocionales. En otras palabras, aprender a gestionar sanamente nuestras emociones, abre caminos, posibilidades al encuentro de recursos y habilidades que nos pueden apoyar para continuar enriqueciéndonos de nuestros contextos laborales.

Stress Remote Work

 

Explorando la Gestión Emocional y su importancia dentro de los contextos laborales y los equipos virtuales

Podemos pensar la Gestión Emocional como un conjunto de habilidades que nos apoyan en la contención o expresión de nuestras emociones, según un contexto dado, al servicio del cumplimiento de un objetivo determinado. Las principales habilidades que integran un proceso saludable de Gestión Emocional son:

  1. PARAR: la capacidad de parar es esencial para generar respuestas mediadas por la atención y el razonamiento. Dentro de un proceso de gestión emocional sano esta habilidad nos apoya para notar las manifestaciones emocionales que están emergiendo en nuestro interior, en otras palabras, para identificar el estado emocional que se está presentando.
  2. NOMBRAR: al nombrar la emoción que se está presentando, por ejemplo TRISTEZA, la reconocemos, comenzamos a darle un lugar. La habilidad de reconocer la emoción es esencial en el proceso de regulación emocional, implica “abrir las puertas al mundo de las emociones”, así como un buen encuentro inicial con uno de nuestros clientes, puede abrir el camino de una relación laboral valiosa y fructífera.
  3. ACEPTAR: la habilidad de aceptar la emoción consiste en “darle la bienvenida” a aquello que está presente. En nuestro día a día tenemos que vivenciar estados climáticos diferentes, días lluviosos y fríos, días cálidos y brisados, días húmedos y calurosos; así mismo, interiormente vivenciamos estados emocionales muy diversos, su aceptación, siguiendo esta analogía, el uso de sombrilla y abrigo en los días lluviosos y fríos, nos facilita movernos dentro de este estado climático, así mismo, para algunas personas, por ejemplo escuchar música relajante, puede apoyarlas en el aceptar la presencia del estrés y/o la ansiedad.
  4. APROPIAR: apropiarnos de nuestras emociones significa hacernos responsables de ellas. Es cierto que una variable externa, como la pandemia, impacta nuestro mundo emocional, de tal manera que pueden emerger emociones como el miedo y/o la rabia, sin embargo, la pandemia NO es responsable de estas emociones, nosotros somos responsables de ellas, lo que implica que esta en nuestras manos responder a ellas, nuestra respuesta puede ser buscar ayuda precisamente porque identificamos que nos sentimos abrumados, sobrecargados, fuera de control. Sin embargo, la habilidad de responder de este modo nos pertenece, así como hacer uso de la misma. En el momento en que nos hacemos responsables de nuestras emociones, se amplía la posibilidad de aprender de ellas y transformarlas.

Estas son algunas de las habilidades que usamos en un proceso sano de gestión emocional. Cuando fortalecemos y desarrollamos habilidades como estas, tenemos la grata sensación de “estar en sintonía con nosotros mismos”, y en muchas oportunidades esta sensación se expande a las relaciones con nuestro equipo de trabajo virtual, de tal manera que experimentamos con éste una mayor fluidez, coordinación, sincronicidad y, aún más, vivenciamos un clima laboral “nutritivo”, un clima que nos alimenta, que nos facilita aprender y desarrollarnos como seres humanos y como profesionales.

Más allá de la Gestión Emocional

Cuando nos detenemos a explorar e investigar en detalle el proceso de gestión de nuestras emociones, descubrimos las habilidades que involucra, y nos damos la oportunidad de afinarlas, nos damos cuenta que estas capacidades no sólo son esenciales para contactarnos con nuestro mundo emocional, sino para relacionarnos satisfactoriamente con los otros y nuestro mundo externo. Y, si nos focalizamos en nuestro contexto laboral, descubrimos que son centrales para la consecución de nuestras metas, para aquello que nombramos como productividad.

Así, por ejemplo, parar y atender, puede resultar en la localización de una nueva oportunidad de negocio; nombrar asertivamente el “estado de las cosas” que nos está relatando uno de nuestros clientes, puede traducirse en una sensación de entendimiento y empatía en este cliente; aceptar y asumir responsabilidad frente a una situación laboral compleja y/o difícil, puede resultar en el despliegue de recursos profesionales y personales que catalice el crecimiento y transformación de nuestro negocio. Bajo este orden de ideas, invertir en la salud emocional de sus equipos de trabajo, apoyarse en una red de psicólogos expertos en Gestión Emocional, profesionales en abrir y sostener espacios para el cuidado mental y emocional de sus trabajadores, sin duda, es un gran acierto.